
La verdad es una sola, la que es, la que sucede; las mentiras son muchas y todas llevan a sitios con callejones cada vez más estrechos, por eso nunca se llega a nada con las mentiras.
Las traiciones y engaños son la esencia de lo que uno realmente es, y no lo que quiere mostrar. Es feo que te mientan, que te engañen, que abusen de tu confianza y jueguen contigo. Muchos no son lo que dicen ser, pero el tiempo hace que el sol derrita sus máscaras o destiñan sus disfraces. La gente que no es trigo limpio no cambia, solo se maquilla, y el maquillaje se va cuando dejan de fingir.
La nobleza se ve en los ojos de las personas, en sus gestos, en sus palabras. Una persona con valores vale millones, vale mucho más que cien tramposos o tramposas. Pero a algunas personas les gustan ese tipo de gente. Lo respeto pero no lo comparto. Los tramposos y tramposas se descubren fácilmente, se les nota en su actitud, en sus palabras, en lo que esconden cuando te sonríen, por eso me gusta observar desde las alturas y darme cuenta quiénes y cuántos son, porque prefiero tenerlos lejos pero no perderlos de vista, y es por eso que me gusta la gente verdadera, auténtica, la que quiere y se deja querer, la que sepa distinguir los valores de las personas y demuestre respeto.
En la actualidad, ser buena gente no está bien valorado, no se aprecia la honradez y se quebrantan muchos códigos. Pero yo sigo observando, porque todavía queda gente que vale la pena, y los que quedan... Los quiero cerca.
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